Cerraduras poco comunes

La cerradura siempre ha sido además de un elemento de seguridad un símbolo enigmático que invita a entrar a nuevos mundo. Los cerrajeros con sus habilidades de artesanos han logrado por años piezas únicas que se han convertido en arte.

La característica común en todas las piezas de cerrajería debe ser la robustez, la fuerza con que protegen su interior, su núcleo, que es como el alma de la cerradura. Todo lo externo son elementos de soporte e incluso de estética.

Es común que los consumidores de cerrajería se dejen impresionar por el acabado de las piezas, pero antes de eso deben asegurarse que se cumplen con las certificaciones de calidad para ser considerada una buena cerradura.

En otros tiempos bastaba con que fuese de gran tamaño, que fuese de materiales pesados y que el diseño adornado la puerta que protegía, ahora el diseño es mucho más reservado y menos artístico pero mas seguro.

Moldeados de artesanos

El oficio de un cerrajero es para aquellos que tienen cualidades como la paciencia, que pueden tomarse algo de tiempo en hacer una cerradura, para que encajen todas sus piezas y además moldearle el arte para que sea única.

Las cerraduras eran un pedido que se realizaba con tiempo, pero una vez que llego la industria se fabricaron a granel para cubrir la demanda de piezas de seguridad de la ciudad.

Hoy en día, los cerrajeros no necesariamente fabrican las cerraduras pero si las instalan y además complementan las medidas de seguridad con dispositivos que no son parte de la cerrajería pero si colaboran a que se consolide el cierre perfecto de los establecimientos.

Para la decoración de la actualidad se buscan piezas a parte que son fabricadas por artistas y se integran a las fabricadas por los cerrajeros, con seguridad llevan varios acabados para que las personas no se limiten en las opciones.

Fábula de cerrajería

Pensar en cerraduras es imaginarse la intimidad de un individuo, pensar en cerraduras que son vulneradas es dejar desnudos a ese individuo al acecho de los que quieren hacer daño.

Una cerradura también presume la tentación de querer abrirla, que se ha fabricado cerrada induciendo a que se debe abrir, quizás es esa la percepción que tienen los delincuentes al encontrar una cerradura en su camino, como aquel platillo de comida que se encuentra servido en la mesa para que sea comido.

Una cerradura es también la vía para mirar a través del ojo de ella, lo que sucede al otro lado de la puerta, un mundo diferente a este que solo puedes conocer cuando consigas la llave.

Aun no se confía del todo en la tecnología

A pesar que el mundo de la cerrajería ha demostrado que la tecnología hace juego con sus intenciones de brindar tranquilidad a través de su dispositivo, son muchas las personas que apuestan irremediablemente a cerraduras que son muy antiguas.

El mayor impedimento es el miedo a manipular lo desconocido, sin tomar en cuenta los beneficios que les aportan de aceptar sus aplicaciones.